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Fic: Una Proposición Personal 23/25

Fandom: Star Wars (Universo Expandido)
Pareja: Luke Skywalker y Mara Jade
Clasificación: PG-13
Género: Romance y Angst
Tiempo: Diecinueve años después de la Batalla de Yavin.
Resumen: Lo que en un principio fue un matrimonio por convenencia toma un cambio inesperado para nuestros protagonistas.
N/A: Uy! Parece que ya mismo se acaba; bueno, eso espero. Además de que le restan eso dos capítulos, tal vez tenga un epílogo. Es un pequeño mal hábito que tengo, es como si no quisiera dejar ir la historia. Espero que les guste.

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La mano se paseaba con lentitud por toda la superficie del viejo x-wing, el joven Jedi enfrascado en viejas memorias. Tantas experiencias vividas, tantos sinsabores al igual que tantas alegrías. Unos silbidos electrónicos a su espalda le despertaron de sus abstraídos pensamientos.

-De verás, Artoo, no me olvidé de ti. No fue apenas unas horas atrás que nos permitieron salir de nuestra habitación. – Luke se volvió a mirar a su fiel astromech.

Dejó escapar unos tenues chirridos; todavía no estaba del todo convencido.

-Yo tú que le tomo la palabra, astromech. El granjero no puede vivir sin ti.

Un sorprendido Luke se giró abruptamente, -¡Mara!

Ella enarcó una ceja, -Hubiese podido venir una manada de banthas y ni tan siquiera la habrías escuchado.

La esencia de Mara en la Fuerza le arropó por completo. Todos sus sentidos se alborotaron luego de esos interminables minutos en la presencia desquiciante de Callista –la cual carecía de cualquier tipo de signatura en la Fuerza- y percibió la de Mara como un dulce aroma que le hechizaba, como una exquisita melodía que le seducía. Sin ningún tipo de preámbulo, rodeó la delicada cintura con uno de sus brazos y tomando la barbilla en una de sus manos, le besó con pasión desenfrenada. Estaba regocijado de haber tomado la decisión correcta. Mara era y siempre sería su otra mitad. Así se lo estaba indicando la Fuerza y se deleitó en ese inesperado descubrimiento.

-Aparentemente te fue muy bien la reunión con Parck… - su voz estaba ronca pues le había arrebatado el aliento, - o estás realmente feliz de verme.

Con el dorso de la mano, Luke acarició el rostro de belleza singular, -Feliz de verte, por supuesto.

Todo su ser vibró ante su inesperada ternura. Esos azules ojos le miraban detenidamente, brillando por una fuerte emoción.

-De acuerdo, me rindo. ¿Qué clase de oferta nos ha ofrecido el almirante?

-En realidad… no he hablado con él.

-Skywalker, hace más de una hora que te marchaste… -e inmediatamente captó que había sucedido, -con Callista. Muy bien, granjero, ¿de qué tipo de felicidad estamos hablando aquí?

Una pícara sonrisa apareció en los labios masculinos. -¿Celosa?

-¡Ja! ¿Yo? ¿Y de la roba-cuerpos?

-¡Mara!

Ella colocó las manos en su cintura –todo esto aún sin librarse del brazo que le acercaba a ese cuerpo que le despertaba toda clase de sensaciones deliciosas, -No puedes negarme que es una roba-cuerpo.

-No, pero tampoco es correcto utilizar apodos despectivos hacia los demás.

Ella respingó nada convencida, -¿Y cuál fue el propósito de la repentina reunión entre viejos amores?

El se alzó de hombros, su rostro tomando un leve tono arrebolado, -¿En pocas palabras? Quería saber porque no esperé por ella.

-¿Y porqué no lo hiciste? – y en realidad quiso preguntarle, “Sí, ¿Por qué decidiste casarte conmigo cuando aún la amas?”

-Vamos, Mara, podré ser todo lo que dices, un granjero bonachón y soñador pero eso no me hace precisamente una persona sin carácter. Opino que es algo ingenuo y hasta irreal el que ella pensara que permanecería el resto de mis días esperando a que regresara a mi.

-Nunca he pensado que no tengas carácter, Jedi. Pero sí que a veces andas con la cabeza en las nubes.

El asintió, -Es algo inevitable en mi.- y sonriendo, añadió, -Gracias a ello conocí a una princesa y un pirata.

Ella movió su rostro de lado a lado, no obstante una pequeña sonrisa curvó sus labios.

-¿Y cómo lo tomó ella? – le preguntó Mara decidiendo continuar con el tema.

-No muy bien.

-¿Y tú?

Un brillo de confusión apareció en sus ojos, -No entiendo…

Ella vaciló ante la mirada azul, decidiendo como decirle. ¡Sith! ¿Cómo hacerlo? Adoptando una disposición más indolente, le replicó, -¿No te afectó tener esa conversación con ella?

-Bueno, ahora que lo mencionas…

El corazón de Mara bajó hasta sus pies a pesar de mantener una imagen de indeferencia total.

-Me preocupa mucho su estado mental…

Entrecerrando sus ojos, ella comentó, bastante irónica, -¿Podrías ser más críptico?

-Tal vez sea una tonta corazonada; presiento que estos últimos años no han sido fáciles para ella. Toda una vida siendo caballero Jedi para repentinamente no tener ese acceso a la Fuerza. Opino que eso tiene que hacer añicos a tu balance mental. Y encima de todo eso, vivir en una época en la cual no pertenece. Debe sentirse sola y perdida sin sus compañeros

No hubo ningún comentario sagaz de parte de Mara. Opinaba, que a pesar de que la situación de la roba-cuerpos era lamentable, en última instancia, era ella responsable de la situación en la que estaba viviendo o intentando sobrevivir. Sólo esperaba que no estuviera chantajeando a Luke emocionalmente porque de ser así, verdaderamente que la mujer conocería su vivo genio y temperamento. No dudaría en causarle daño físico.

-Me sospecho que deseas ayudarla. - ella le conocía muy bien.

-Sí. – suspiró él -Y aún así, debo esperar a que ella pida mi ayuda.

-Sabia decisión.

-Tengo una muy buena maestra.

Ella sólo se limitó a inclinar su cabeza en su hombro.

Esos pequeños gestos de parte de ella ayudaban a que no desparecieran sus esperanzas por completo. Mara era de naturaleza arisca; reconocía que ella amaba su libertad e independencia y a pesar de ello, estaba seguro de que la bella comerciante debía estar comenzando a tomarle aprecio… si es que se le podía llamar así. Imprevistamente, sin saber la causa de ello –o quizás era su manera de pescar alguna reacción de parte de Mara- él le preguntó, -¿Ya te aburre estar casada con un maestro Jedi?

-¡No! – y las mejillas se le tiñeron de rubor ante lo vehemente de su respuesta. Furiosa consigo misma ante ese despliegue de debilidad, le dijo con displicencia, -Creo que estoy acostumbrándome a tenerte cerca.

-Así es como le dicen ahora, acostumbrarse.

¿Era eso burla lo que captó en la voz del granjero?

-No sé de que me hablas, Jedi.

La voz gélida no amilanó a Luke en lo absoluto. –Pues,al parecer somos dos los que nos estamos acostumbrando. - y apretándola más a su cuerpo, le murmuró al oído, -Muy en particular, tenerte así de cerca.

Cerró sus ojos, embelesada con su cercanía. No le molestaba en nada tenerle así, sintiendo su acompasada respiración al tiempo que una de las manos masculinas acariciaba su cabellera roja. Amaba su peculiar aroma a jabón y sol –al parecer ya era algo característico del granjero de todos esos años que vivió bajo los soles de Tatooine- a sentir esa fortaleza oculta detrás de toda esa apariencia tranquila y en fin, le amaba por ser quien era; su dulce granjero y caballero Jedi.

Un gutural ruido les sacó de sus abstracciones personales.

-¿Hambre, granjero?

-Ahora que lo mencionas…

-De verás, que tu estomago será tu fin algún día. Ven, tiene que existir algún tipo de cafetería en este lugar.

El sonrió al tiempo que ella le halaba por la mano.

---

Sentada al borde de la cama, Mara miraba a Luke dormir. Con infinita ternura ella rozó su frente, echando a un lado el cabello que había caído sobre la frente masculina. Una maraña de emociones le retorcía su interior, ahogándole en la agonía de su privada oscuridad. Hace diez años que el destino –o tal vez la Fuerza- les había obligado a cruzar sus caminos. Diez años que pudieron haber estado llenos de momentos alegres entre amigos. Años en los que ambos, en su arrogancia, habían perdido en completa soledad cada uno tratando de hallar su lugar en la galaxia. Sí, ambos habían sido unos tontos.

No obstante, a pesar de todo ello, estaban de nuevo juntos. Y el hombre al que ella había respetado y tenido gran afecto al fin estaba en el camino correcto… al igual que ella.

Ella suspiró. No debía posponer por más tiempo lo inevitable. Abandonó la cama y se dirigió al buró a tomar su cinturón de utilidades. Luego de colocárselo, aseguró el sable en su lugar. Una oleada de silbidos le sacudió a sus espaldas.

-Podrías hacer más ruido, astromech.

El pequeño droide se disculpó. Era no sólo increíble como había captado su sarcasmo, sino también el hecho de que ella le hablaba como solía hacer Luke.

-Todo está bien. Sólo saldré por un rato.

Caminó hasta la puerta. Ella titubeó al abrirla y hallar de frente la oscuridad de la noche tan similar a la que llevaba en su interior. Girando la cabeza, sus ojos se posaron en Luke, quien dormía plácidamente. Se preguntó si era posible que él hubiese sospechado de sus intenciones. No hubo llegado esa duda a su cabeza que la desechó. El joven Jag le había dado, inadvertidamente, un pedazo de información muy importante; el preciso lugar donde ella podría hallar una copia de los Documentos de Caamas. Ella había erigido muy bien sus barreras mientras le narraba todo lo que Jag le había informado.

¡Oh, ella estaba segura de que él había podido sentirlas! Quizás el viejo Luke, el omnipotente maestro Jedi del pasado, le hubiese indagado la razón de ello e intentado derrumbar sus barreras mas no lo hizo. Simplemente le miró algo entristecido. Era su añoranza poder formar ese enlace –que ella estaba segura era necesario para él. Más tarde, probablemente, él se arrepentiría de no haber insistido y demandado la verdad. Pero, para entonces, quizás sería muy tarde.

La Fuerza le estaba llamando a tomar ese camino y un presagio, como el de una diminuta alarma, le advertía que no todo marcharía como era debido. Que ironía descubrir, quizás tarde, como le llamaba la Fuerza, guiando sus pasos. Lo que debió hacer en el pasado. Al fin la aceptaba como una parte intrínseca de su ser.

Los ojos esmeraldas se posaron en ese rostro apuesto; lo más doloroso de su decisión era que Luke había regresado a ella aún después de que Callista se le ofreció en bandeja de plata. Una elección que ella temía no había sido tomada de otra manera que no fuera regida por su bondadosa alma. Una sonrisa agridulce curvó los sensuales labios, siempre había sospechado que el granjero tenía un inherente sentido de rectitud.

-Cuida de él, Artoo.

El pequeño droide dejó escapar un desolado quejido.

-Todo estará bien; lo prometo.

Sí, a toda costa, a como fuera lugar, cumpliría con esa promesa. El sonido de la puerta al cerrarse fue uno definitivo.
Tags: fic: una proposición personal, luke/mara, star wars
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